Revelado el misterio de las naves de Abidos

Templo de Seti I, Abidos

Santi García (25/01/2019 00:20)

Seguro que en algún momento te has cruzado con la figura de un helicóptero en un cartucho del templo de Seti I, en Abidos. Y seguro que no sólo has visto esta figura, sino que además a su alrededor has identificado una especie de ovni, coches e incluso algún avión. ¿Verdad que sí?

Las primeras preguntas que se te vendrán a la cabeza son del estilo de la posibilidad real de que los egipcios usaran este tipo de tecnología miles de años antes de su descubrimiento y sobre todo de dónde se inspiran, cómo llegan a concebirse o quién les ayuda para conseguir llevar a buen término ese tipo de construcciones. Todas estas preguntas son verdaderamente lógicas si esta iconografía la vemos con los ojos de personas del siglo XXI. Y ése es precisamente el error.

Es cierto. No podemos intentar comprender restos del pasado con nuestras connotaciones culturales, nuestras propias experiencias vitales o nuestra idiosincrasia; y mucho menos establecer paralelos con el presente. Cuando nos enfrentamos a interpretar desde un texto hasta un objeto arqueológico, tenemos que tener en cuenta el contexto en el que lo hemos encontrado, ponerlo en consonancia con el resto de los objetos y estructuras halladas, sobre esto establecer paralelos entre restos parecidos de su propia cultura enmarcada en el mismo espacio y tiempo, y por último sacar conclusiones. Esta labor metodológica no siempre se lleva a cabo y los jeroglíficos que os traemos en este artículo es un claro ejemplo de esto que estamos comentando.

No estoy afirmando que la cultura egipcia no tuviera tecnología que hoy nos sorprendería, de hecho la tiene -la construcción de las pirámides o las obras de canalización del Nilo para llevar agua a zonas interiores de Egipto-, sino que lo que estamos viendo en este jeroglífico no es exactamente lo que parece. Así que revelemos ya este misterio que lleva años en las mesas de debate de diferentes ámbitos y programas de radio.

Pongámonos en situación: estamos ante el templo de Seti I, en el Alto Egipto, comenzado por él y terminado por Ramsés II, su hijo, en la XIX dinastía. Cerca de la pirámide se construyó un Osierion, un templo dedicado al dios Osiris, dios de la resurrección y rey del más allá.

Lo primero que nos llama la atención es que estas representaciones figuradas no se ven en más lugares, ni cercanos ni lejanos, ni coetáneos a estos restos ni alejados de ellos. Por lo que nos atrae dudas de que ciertamente estemos ante «naves actuales».

Lo segundo que nos hace pensar algo similar es que la escritura jeroglífica no recrea escenas figuradas en los cartuchos de las pirámides. Es una escritura icónica (en base a imágenes), pero sólo recrea escenas cuando hablan de la vida del faraón o en el más allá, nunca en lugares donde debería haber «texto», por lo que este jeroglífico se saldría de la «normalidad» conocida. Esto no significa que en un futuro no se puedan encontrar elementos inusuales; eso es lo apasionante de la arqueología, que se encuentra en continuo cambio.

Otro aspecto que nos llama poderosamente la atención es que la imagen se encuentra retocada: sólo realizada la fotografía con un determinado ángulo y tocando los niveles de contrastes, luminosidad y color, aparecen estas figuras de helicópteros, submarinos y platillos volantes. Os lo dice alguien que lo ha comprobado in situ.

Pero entonces, ¿qué es lo que sucede? Porque lo que está claro es que esas figuras están. La explicación es relativamente sencilla. Es un efecto visual, conocido como pareidolia, que nos hace ver figuras que no existen. Nuestra mente nos causa una mala jugada. De la misma forma podemos ver figuras en cientos de ejemplos actuales, como en las erosiones de las montañas del estilo a Sierra de la Muela o Pico del Águila. Seguro que te vienen cientos de recuerdos y lugares de este tipo.

Pero esto no explica del todo lo que sucede con estos jeroglíficos. El contenido de este cartucho no eran figuras. Lo que estaba escrito es, muy posiblemente, nombres de faraones, tal vez de la propia dinastía de Seti. ¿Qué ha sucedido entonces? En concreto han pasado dos cosas que han ayudado a crear esta ilusión óptica: por un lado agentes externos como la propia erosión han modificado la escritura del cartucho (si la erosión cambia la fisonomía de una montaña, pensad en lo que hará con un «pequeño» elemento realizado en caliza o basalto); de otro lado lo que los investigadores conocen como palimpsesto o el retratado de los jeroglíficos, una técnica muy común en los artesanos egipcios que consistía en aprovechar partes del jeroglífico para hacer otro nuevo o enlucir sobre el viejo texto y escribir uno nuevo. En el momento en el que el enlucido desaparece por motivo de la erosión o por la obra de la mano del artesano es cuando unos textos se superponen a otros creando, de manera involuntaria y arbitraria, figuras inexistentes en un primer momento. En otros textos hemos documentado este hecho pues el propio nombre de Tutankamon fue «reutilizado» con posterioridad. Es asimilable a aprovechar estructuras construidas para realizar construcciones actuales que nada tienen que ver con la original.

Este es el misterio revelado: una superposición de estructuras que, unidas a la erosión, forman figuras que para nosotros y con nuestros «ojos de seres del siglo XXI» parecen aviones y helicópteros, pero que en origen formaría parte del nombre de diferentes y diversos faraones. Lo interesante y el nuevo misterio que esto genera es... conocer esos nombres.

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