Una Daga enviada por los dioses

Daga extraterrestre de Tutankamon

Santi García (09/10/2018 20:25)

Cualquier cosa relacionada con este faraón de la XVIII dinastía ha hecho correr ríos de tinta. No solo por lo emblemático y misterioso de su corto reinado (1.336-1.327 a.C.), sino por ser el inquilino de una de las pirámides más conocidas del antiguo Egipto, su «maldición» (de la que hablaremos en otro momento) y porque estuvo a punto de llevar a su descubridor, Howard Carter, a la locura; no en vano la cámara funeraria fue descubierta el último día de excavación, ya sin fondos económicos ni apoyos institucionales.

Pero no hemos venido para hablar de las leyendas de este faraón, hemos venido a intentar dar un poco de luz a un objeto que fue descubierto por casualidad y que pasó prácticamente desapercibido hasta hace unos años. Nos referimos a uno de los objetos que llevaba envuelto entre las vendas de su momia: una daga muy especial.

Objetos «ocultos» en los vendajes de los faraones

Aunque con los ojos de hoy en día nos parezca algo extraño, lo cierto y verdad es que para nada lo es. De hecho era muy común colocar objetos que representaran al difunto Dios (faraón=Dios) entre sus vendajes, pues cuando ayudaran a Ra a matar a Seth (Apofis) y entraran en la otra vida como un Dios más de la cosmogonía egipcíaca, esos elementos que llevaban ocultos entre sus vendas los usarían para ser reconocidos como hijo de los dioses. Por lo tanto hemos de entenderlo como objetos rituales y suntuales a los que darían uso en su existencia eterna.

¿Quien o qué la envía? ¿Y por qué se encuentra entre los restos de un faraón?

A quienes se preguntan si esa daga es enviada por seres de otro mundo la respuesta es: sí... en parte; básicamente se trata de un objeto realizado con un metal procedente del espacio exterior, del espacio extraterrestre (literalmente), de más allá del cielo y, por ende y para los antiguos, este hecho era más que suficiente para identificar un «envío divino» o la intervención astral para ya no solo dar con el material del objeto sino que también se justificaba la confección de objetos divinos para seres divinos en la Tierra.

Vamos a intentar explicar esto. Para los antiguos egipcios el faraón era el Dios Vivo en la Tierra, y debía ser tratado como tal absolutamente en todos los aspectos de su vida terrenal (pirámides, sacrificios, impuestos, etc.) y en su vida celestial; es decir, cuando decida volver a juntarse con el universo y regresar con el resto de los dioses. Por este motivo todos y cada uno de los objetos con los que se les representaba estaban realizados bajo esta premisa: espadas, puñales, vestuarios... y por supuesto dagas.

La Daga a la que nos referimos se encuentra realizada con hierro meteórico procedente de uno de tantos meteoritos que chocaban y chocan con nuestro planeta todos los días. Esas «piedras» eran conocidas por los egipcios como piedras de las estrellas. Dedicaban equipos de científicos que durante toda dedicaban su vida a localizarlas y encontrarlas.

Lo que más nos llama la atención es cómo era posible que conocieran de la existencia de meteoritos y cómo podían localizarlos y manufacturarlos.

La respuesta es complicada y aún sigue siendo un misterio. Algunos hablan de un grupo de astrónomos encargados de localizar en el cielo esas estrellas caídas e ir en su busca. Pero esta afirmación nos lleva a preguntas del estilo de cómo sabrían el lugar donde buscar y cómo identificarlas y diferenciarlas del resto. Si buscamos entre las fuentes sólo vamos a encontrar ensoñaciones e interpretaciones de augurios.

Daga de origen extraterrestre

Ciertamente así es. Fue a mediados del siglo XX cuando algo extraño fue localizado en su composición metalúrgica. Y en concreto fue hace un par de años, por el 2016, cuando se descubrió exactamente qué sucedía. El equipo del doctor Comelli nos da la clave de todo (EFE): «Si bien los artefactos fabricados con mineral de hierro extraído en canteras tienen un 4% de níquel, como máximo, la hoja de hierro de la daga del faraón Tutankamon registraba un 11%». Aunque es la alta proporción de cobalto la que nos indica el verdadero origen extra planetario de la hoja: «(…) La proporción de níquel y cobalto en la hoja de la daga es consistente con la de los meteoritos de hierro que han conservado la relación condrítica primitiva durante la diferenciación planetaria en el sistema solar temprano», dijo Comelli.

Para determinar esto los científicos tomaron muestras de meteoritos en un área de unos 2.000 kilómetros de radio, tomando como centro el Mar Rojo.

De los 20 meteoritos que analizaron solo 1, llamado Kharga (encontrado en el año 2.000 al oeste de Alejandría), presentó un contenido de níquel y cobalto posiblemente consistente con la composición de la hoja de nuestra Daga, lo que nos lleva a ratificar aún más la creación de profesionales encauzados a hallar este tipo de material en el Antiguo Egipto.

¿Una o dos dagas?

Una grata sorpresa fue encontrar 2 dagas entre las vendas del faraón. Y más si vemos de qué material estaban hechas: la terrestre de oro y la extraterrestre de hierro meteórico.

Muchos científicos hablan de que por el II milenio a. C. era normal que fuera hierro meteórico puesto que sería muy maleable a la hora de fabricar la daga. Afirmación que es complicada de mantener cuando trabajaban el oro, cuyo punto de ebullición es de 2.700 grados centígrados.

El intento de explicar las dos dagas realizadas con materiales tan distintos es fascinante: el oro representaba el sol, la luz, a Ra, en definitiva; por su parte el hierro meteórico era la oscuridad, la luna, Apofis. Era la fusión y la unión de las dos fuerzas antagónicas que daban sentido a la vida y al universo: la eterna lucha de la luz y la oscuridad, de Ra y Apofis, del día y la noche. Una lucha en la que el faraón tenía un papel fundamental en el orden místico del universo.

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