La Santa Espina: entre la leyenda y la tradición

Reliquias

Santi García (29/03/2021 00:45)

Nos encontramos en unos días en donde en todo el mundo se celebra, de una forma o de otra, la Pasión y Muerte de Jesucristo. En otro artículo trataremos al Jesucristo histórico, pero en el escrito que tienes delante queremos presentarte uno de los símbolos cristianos más característicos y representativos de estos días: la Corona de Espinas. Siguiendo en la línea de anteriores investigaciones, en esta ocasión nos centramos en la reliquia de la Santa Espina o, lo que es lo mismo, pequeños fragmentos del casco de espino que rodeó la cabeza del redentor una vez finalizado el castigo del flagelo y esperando su puesta a disposición del pueblo judío.

A lo largo del presente texto podremos realizar un breve sondeo por los lugares en los que, según la tradición popular, existen elementos que pueden ser relacionados con la propia corona de espinas o, al menos, con parte de ella.

Del mismo modo hemos de ser conscientes de que no estamos hablando de verdaderas reliquias del objeto místico, del que desde hace siglos se le asocian poderes que van más allá de la comprensión humana, del mismo modo que sucede con la Lanza de Longinos, por ejemplo. En este sentido, si juntásemos todos los fragmentos que son atribuidos a la Santa Espina, podríamos reconstruir unas 10 o 12 coronas de espino como mínimo.

El casco de espino

Lo primero que hemos de tener en cuenta es que no estamos delante de una «corona» de espinas al uso, tal y como la entendemos, sino de un casco que cubriría toda la cabeza del reo (imagen 1). Es uno de los castigos más característicos del siglo I d. C. entre las legiones romanas y entre los soldados; consistía en «coronar» a un prisionero como rey al finalizar las Saturnalias para ridiculizarlo, humillarlo y, posteriormente, asesinarlo.

La Corona de espinas como símbolo

La iconografía de la corona de espinas es muy rica y variada a lo largo de la historia del hombre y del cristianismo. Ilustradora del sufrimiento y la humillación que tuvo que soportar El Hijo de Dios es muy posible que nadie o casi nadie se haya percatado de que, en la mayoría de las representaciones, la corona de espinas no aparezca en forma de casco de espino sino de corona de laurel, que es como casi todo el mundo la relaciona en la actualidad (imagen 2). La explicación y el motivo son bastante claros: la corona tipo laurel es el símbolo de la victoria. Es el elemento con el que se coronaba a los olímpicos en las victorias de las antiguas olimpiadas y, por lo tanto, es el elemento idóneo con el que coronar al ser que va a vencer a lo único que en este mundo no podemos vencer: la muerte. En este sentido se conjugan con este símbolo dos mensajes claramente diferenciados y antagónicos, pero que a la vez nos muestran el glorioso final de la historia que estamos presenciando, el cual no es otro que la muerte y humillación del Hijo de Dios por un lado, pero la Victoria de este mismo sobre la Muerte.

Con el paso de los siglos y de los milenios, el casco de espino fue desgranado y dividido en miles de diminutos fragmentos esparcidos por toda la cristiandad. Como hemos indicado al inicio del artículo, vamos a conocer algunos de ellos.

Mencionada por peregrinos en el siglo V en las inmediaciones de Jerusalén, la corona fue llevada a Constantinopla en el siglo X y posteriormente, esparcida por todo el mundo.

Sainte Chapelle (Francia)

Situada en la ciudad de París, se trata de una construcción de origen gótico que se construyó con la intención de custodiar las reliquias del rey san Luis de Francia. Debido a ello es considerada por muchos estudiosos como una gran reliquia en sí misma (ver imagen 3).

La reliquia de Santa Espina aparece encerrada en un relicario en forma de corona tubular de oro. En muy contadas ocasiones es expuesta al público y aparece custodiada en el interior de la iglesia. Hace poco, en el año 2015, estuvo tres días abierta al público con motivo del 800 aniversario del nacimiento del rey Luis IX de Francia; o en 1939, en la conmemoración de los 700 años de la llegada de la reliquia a Francia.

Catedral de Oviedo

Según la tradición, fue en el año 1075 cuando se produjo, tras largas jornadas de ayuno en tiempos de cuaresma, la apertura del Arca Santa por parte de Alfonso VI y la posterior ratificación en presencia de seis obispos de reliquias relacionadas con Jesucristo y que estaban ocultadas en la iglesia de El Salvador con el propósito de protegerlas de hurtos y robos. Estas reliquias fueron transportadas por fieles cristianos en distintos momentos desde el siglo VIII d. C. debido a las incursiones musulmanas en la península ibérica, sobre todo tras la batalla de Guadalete en la que el ejército cristiano fue derrotado (imagen 4).

Entre las reliquias, se han encontrado las siguientes en la citada arca (fuente: Francisco José Borge Cordovilla):

- veterotestamentarias: huesos de los profetas;

- cristológicas: de la santa cruz, de la sangre, del pan de la cena, de la piedra del sepulcro, de la tierra santa, de la túnica repartida en suertes, del sudario;

- marianas: de los vestidos de la Virgen, de la leche de la Virgen;

- apostólicas: de san Pedro, san Pablo, santo Tomás, san Esteban, Santiago el menor, san Andrés, san Juan, san Bartolomé;

- de santos y mártires: de san Juan Bautista, de María Magdalena, santos Justo y Pastor, santos Adriano y Natalia, san Mamés, santa Julia, santos Verísimo y Máximo, san Germano, san Baudilio, san Pantaleón, san Cipriano, santa Eulalia, san Sebastián, san Cucufate, del palio de san Sulpicio, de santa Ágata, santos Emeterio y Celedonio, san Romano, san Fructuoso, santos Augurio y Eulogio, san Víctor, san Lorenzo, santos Justo y Rufina, santos Servando y Germano, san Liberio, santos Máximo y Julia, santos Cosme y Damián, santos Sergio y Baco, san Esteban Papa, san Cristobal, vestido de san Tirso, san Julián Pomerio (obispo de Toledo), san Félix, san Pedro exorcista, santa Eugenia, san Martín, santos Facundo y Primitivo, san Vicente levita, san Fausto, san Juan, santa Inés, santos Simplicio, Faustino y Beatriz, santa Eulalia (de Barcino), santos Emiliano y Jeremías, san Rogelio, san Siervo, santa Pomposa, y otros muchos (fuera del arca).

Catedral de Sevilla

A Sevilla, y según textos conservados, la reliquia de la Santa Espina llegó mediante una sucesión de donaciones privadas de hermanos que a su vez la consiguieron mediante donaciones de bienes (la emperatriz doña María la dona al cardenal Rodrigo de Castro y éste a la catedral). El año lo podemos situar a finales del siglo XVI, en donde con la reliquia de la espina entró a formar parte del patrimonio eclesiástico en un conjunto de otras reliquias de diferentes santos (san Bartolomé, san Blas, san Lorenzo, etc.) (imagen 5).

Mula (Región de Murcia)

El Real Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación es de titularidad de las monjas clarisas y se encuentra en el casco histórico de la ciudad de Mula. Los orígenes del convento son del siglo XVII en donde la iglesia y el monasterio sustituyen a una antigua ermita consagrada a Nuestra Señora de los Olmos (siglo XVI). Fue fray Pedro Botía quien establece una comunidad clarisa en 1680.

La Santa Espina estaba, por lo visto, entre las paredes del propio monasterio, escondida y emparedada, para evitar su robo o incluso su destrucción durante la guerra civil española. Cuando en el año 1939 vuelven a las instalaciones del monasterio, casi todo derruido, las monjas clarisas guardaron el secreto de que entre las paredes se encontraba la reliquia de la Santa Espina, por motivos de seguridad, tanto para ellas como para la propia reliquia.

Fue desenterrada cuando la situación política fue propicia para ello, en el último cuarto del siglo XX (imagen 6).

Conclusión

Muchos de los lectores pueden estar haciéndose la pregunta acerca de la veracidad o no de las reliquias que hemos comentado a lo largo de este artículo. Lo cierto y verdad es que desde un punto de vista científico y objetivo, con los medios que contamos en la actualidad y con la actual tecnología, es casi imposible conocer la veracidad de las reliquias propuestas, ya no sólo acerca de la Santa Espina, sino de cualquier otra. Deberíamos realizar pruebas de radiocarbono y cronología absoluta sobre la pieza (lo cual nos llevaría a poco a poco destruirla, debido a que son técnicas invasivas y a que las muestras son minúsculas) y con ellas, en el mejor de los casos, podríamos obtener una datación aproximada (eliminando el margen de error que poseen estas técnicas) de la muestra a estudiar, pero nunca la certeza absoluta de que esta muestra pertenezca a quien dice la tradición que pertenece.

Para dar mayor peso a la propia reliquia era normal que las mismas fueran acompañadas de Authenticas, básicamente una especie de certificados de autenticidad expedidos por los custodios de una reliquia en un momento determinado (santos lugares, Vaticano, etc). Lo normal es que se encuentren las reliquias acompañadas de estos documentos. Por lo que este tipo de objetos votivos se llegaron a convertir en poco más que mercancía debido a la necesidad de poseer cuantos más objetos que hayan podido estar en contacto con Cristo (ver anexo).

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Bibliografía

- García de Castro Valdés, César (2008). «Arte prerrománico en Asturias». Ménsula Ediciones, S. L. ISBN 978-84-612-4085-2.

- Fernández-Buelta, Jose María; Hevia Granda, Víctor (1948). «Ruinas del Oviedo primitivo». Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos (4).

- Fernández-Buelta, Jose María; Hevia Granda, Víctor (1949). «La Cámara Santa de Oviedo. Su primitiva construcción, su destrucción y reconstrucción». Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos (6).

- Menéndez Pidal, Luis (1960). «La Cámara Santa de Oviedo. Su destrucción y reconstrucción.». Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos (39).

- Ruiz de la Peña González, Isabel (2003). «La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo en el contexto del patrocinio artístico de Fernando II». Revista de arte (2).

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Anexo (texto Authentica Tierra Santa)

(Imágenes 7 -ver en tamaño grande- y 8).

Traducción del texto:

Padre Ignacio Mancini Orden de Frailes Menores

Guardianes custodios del Monte Santo de Sión, del Santísimo Sepulcro de Nuestro Padre Señor Jesucristo y de todos los los Santos Lugares

Este certificado da fe de que son verdades las partículas (tierra) de los sagrados lugares de

MONTE CALVARIO

Extraídas de este lugar y almacenadas en una theca (el continente de la reliquia) de vidrio ovalada, realizada y marcada en Tierra Santa

En la fe

Dada en Jerusalén, el día 10 de enero de 1986 de Nuestro Señor Salvador

Lacrado y Sellado

(Sello)

Realizado por orden de los Hermanos Franciscanos

(Firma)

El Secretario de los Custodios de Tierra Santa

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